LA ESCRITURA
Hoy saber escribir nos parece lo más normal, pero
¿cómo consiguieron aprender a escribir los primeros hombres de la historia?
¿Cómo codificaban los símbolos de su lengua y su pensamiento? ¿Qué clase de
personas eran los primeros escritores, y a qué clase de ideas, información y
sentimientos dieron permanencia?
La escritura abarca muchas culturas, muchos idiomas
y prácticamente todos los periodos del desarrollo humano, transforma en signos
las ideas y la información de las más variadas disciplinas, como la historia,
el arte, la antropología, la medicina, la teología, también la literatura.
Saber escribir, estar alfabetizado, ofrece más oportunidades de realizarse que
ser analfabeto. Pero la escritura también tiene su lado oscuro, pues se ha
usado para contar mentiras, además de verdades; para engañar y explotar, además
de enseñar; para poner trabas al pensamiento, además de para ensancharlo.
El inventor místico de la escritura fue el dios
egipcio Tot, que visitó al rey para pedirle que diera su aprobación a su
instructivo invento. El rey dijo a Tot: "Tú, que eres el padre de las
letras, te has dejado guiar por tu afecto al atribuir a éstas un poder que es
el contrario del que realmente poseen (...). No has inventado el elixir de la
memoria, sino del recuerdo, y ofreces a tus discípulos la apariencia de la
sabiduría, porque leerán muchas cosas sin instrucción y, por consiguiente,
darán la impresión de conocer muchas cosas a pesar de ser ignorantes casi todos
ellos". En el siglo XXI estas palabras que Sócrates recoge en su historia
sobre el dios Tot tienen un eco evidentemente contemporáneo.
La mayor parte de los investigadores y eruditos
aceptan que la escritura comenzó con la contabilidad, como consecuencia directa
de las apremiantes necesidades de una economía en expansión. A finales del
cuarto milenio a.C., la complejidad del comercio y la administración en las
primitivas comunidades mesopotámicas llegó a una tesitura en la que sobrepasó
la capacidad mnemotéctica de la clase gobernante. Por este motivo, llegó a ser
esencial registrar las transacciones comerciales de una manera permanente y
fiable. Pero esto no explica cómo pudo surgir la escritura de un sistema
mnemotécnico que no era una verdadera escritura. En esta cuestión hay mucha
polémica y pocas evidencias. El origen divino de la escritura, vigente hasta el
siglo XVIII, ha cedido paso a la teoría de un origen pictográfico, es decir, a
representaciones pictóricas de objetos concretos. Algunos estudiosos opinan que
la escritura fue resultado de la indagación deliberada de un sumerio que vivía
en la ciudad de Uruk, hacia el 3000 a.C. Para otros, fue obra de un grupo de
administrativos y comerciantes. Hay quien afirma que no fue un invento, sino un
descubrimiento fortuito. Muchos la consideran fruto de la evolución. Sea lo que
fuere, lo esencial para el desarrollo de la plena escritura, por contraposición
a la escritura limitada y puramente pictográfica, fue el llamado
"principio del jeroglífico", la idea revolucionaria de que un signo
pictográfico podía tener un valor fonético.
TRANSPORTE
Medio de traslado de personas o bienes desde un
lugar hasta otro. El transporte comercial moderno está al servicio del interés
público e incluye todos los medios e infraestructuras implicados en el
movimiento de las personas o bienes, así como los servicios de recepción,
entrega y manipulación de tales bienes. El transporte comercial de personas se
clasifica como servicio de pasajeros y el de bienes como servicio de mercancías.
Como en todo el mundo, el transporte es y ha sido en Latinoamérica un elemento
central para el progreso o el atraso de las distintas civilizaciones y
culturas.
Ya en el periodo precolombino los incas poseían un
rudimentario pero eficiente sistema de caminos interconectados a lo largo y
ancho de su Imperio, por el cual trasladaban distintos tipos de mercaderías.
Bien a pie o a lomo de llamas sus mercaderías lograban llegar a destino. A
veces a través de puentes de cuerdas entre las montañas. Otros pueblos utilizaron
canoas o botes como medio de comunicación.
La llegada de los europeos —españoles y
portugueses— a lo largo de casi toda América produjo grandes cambios en los
medios de transporte. El principal modo de comunicación era el marítimo, dado
que era más eficiente y rápido para puertos naturales y para los lugares en los
que se construyeron puertos, tanto de mar como de los caudalosos ríos
americanos.
En el siglo XX la formación e instalación de
grandes corporaciones de fabricantes ha dado un gran impulso a la producción de
vehículos tanto para el uso particular como para el transporte público y de
mercancías, así como la exportación a terceros países. Con el crecimiento
económico de los últimos años se espera que Brasil y Argentina alcancen en poco
tiempo cotas de utilización de vehículos al mismo nivel que los países más
desarrollados.
Diferentes modos de transporte
En general se utilizan cinco modos de transporte:
acuático, por carretera, ferroviario, aéreo y oleoducto.
Acuático
El temprano perfeccionamiento del transporte
acuático estuvo estimulado por la tendencia de las poblaciones a concentrarse
en las costas o las vías fluviales. Los antiguos romanos utilizaban
embarcaciones a vela equipadas con varios bancos de remos para transportar a
sus ejércitos hasta Cartago y otros teatros de operaciones. La construcción de
barcos y el aparejo y manipulación de las velas fueron mejorando con el tiempo.
Con estos cambios, junto con la adopción de la brújula marinera, hizo posible
la navegación en mar abierto sin avistar la costa.
Al igual que sucedía durante la edad antigua en el
Mediterráneo y otras zonas del mundo, el hecho de que los asentamientos
coloniales en América estuviesen establecidos por lo general en las costas, los
ríos o los lagos, fue a causa y consecuencia de que las primeras rutas de
transporte en las colonias fueran las vías fluviales naturales, y los modos más
eficientes de viaje se realizaran por barco.
LA MEDICINA
El
conocimiento de la práctica médica prehistórica procede de la paleopatología, o
estudio de las pictografías que mostraban las técnicas médicas, de los cráneos
y esqueletos, así como de los instrumentos quirúrgicos de las sociedades
antiguas y contemporáneas no tecnológicas. A pesar de que dicho estudio
concierne a la antropología, algunas de estas prácticas han sobrevivido hasta
los tiempos modernos, lo que justifica su consideración en la historia de la
medicina.
Las
enfermedades graves tuvieron especial interés para los hombres primitivos a pesar
de que no podían tratarlas. Dividían la génesis de la enfermedad en dos
categorías, cada una de ellas con una variedad de terapias que se excluían
mutuamente. Los primeros y más numerosos eran los procesos atribuidos a la
influencia de demonios malévolos, a quienes se achacaba la proyección de un
espíritu ajeno, una piedra o un gusano dentro del cuerpo del confiado paciente.
Estas enfermedades debían atajarse mediante conjuros, danzas, sacrificios,
hechizos, talismanes y otras medidas. Si al final el demonio entraba dentro del
cuerpo de su víctima, por falta de precauciones o a pesar de ellas, todos los
esfuerzos se centraban en convertir en inhabitable el cuerpo para el demonio
con apaleamientos, torturas o haciendo morir de hambre al paciente. El espíritu
ajeno se podía echar con pociones que provocaban un vómito violento o se
expulsaba a través de un agujero realizado en el cráneo. Este último
procedimiento, denominado trepanación, fue también un remedio para la locura,
la epilepsia y el dolor de cabeza.
Sin
embargo, las terapias aplicadas en las incapacidades resultaron más eficaces.
En las sociedades primitivas se practicaron técnicas quirúrgicas como la
limpieza y el tratamiento de heridas por cauterización, cataplasmas y suturas,
reducción de luxaciones y fracturas, con uso de férulas (o tablillas). Otras
terapias adicionales incluían purgas, diuréticos, laxantes, eméticos y enemas.
El mayor logro de la época fue el uso de extractos de plantas, cuyas
propiedades narcóticas y estimulantes se iban descubriendo poco a poco. Se
demostraron tan eficaces que incluso hoy se siguen utilizando. La digitalina,
un estimulante cardiaco extraído de la dedalera (género Digitalis), es sin duda
el más conocido.